- ¡Marcos! ¡Termina el bocadillo de una puñetera vez que nos toca!
- ¡Ya termino Patri! No me queda nada.
Las voces resonaban en la cafetería del Palacio de Hielo de Madrid. En el fondo era normal, con los vozarrones que tenían los dos jóvenes. La voz de Marcos era fuerte y grave y aunque asustaba un poco si te pillaba de sorpresa era soportable. Pero la voz de Patri era realmente incomoda, tan aguda que más que palabras parecía el ruido que producen las uñas al arañar una pizarra. Los que conocían a Patri decían que su voz era un reflejo de su personalidad, una niña mimada y consentida que se aprovechaba de su estupendo físico para conseguir que los hombres hicieran lo que ella quería.
Marcos terminó de engullir su bocadillo de un mordisco. Cogió sus zapatos y su escoba y se dirigió hacía el hielo.
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