lunes, 16 de abril de 2012

El campeonato de curling: Entrada 21

- No, el hombre que me encerró no era el que había jugado contra nosotros… le hubiese reconocido la voz – argumentó Marcos.
- Pero ¿Por qué le investigabas? – interrumpió Patri.
- Lo siento chicos, no puedo decíroslo. Y ahora tengo que irme, no le digáis a nadie que habéis hablado conmigo y mucho menos que estoy vivo. Podría ser peligroso que algunas personas crean que conocéis sus secretos. Adiós y tranquilos, ya ha pasado el peligro para vosotros.
El investigador se marchó y Marcos y Patri se quedaron un rato en silencio.

- Patri, la próxima vez elijo yo el deporte – bromeó Marcos.
- Ni que te hubiesen intentado matar… - le respondió Patri.

Y los dos se echaron a reir.

Un par de horas más tardes se encontraban en el hotel donde estaban alojados, ya era tarde y habían cerrado la cocina. Pero cuando le contaron al manager del hotel lo que había pasado, este les dejó pasar a la cocina y hacerse lo que quisieran de cenar.
- Invita la casa chicos, pero dejadlo todo recogido.
- ¡Muchas gracias!

jueves, 12 de abril de 2012

El campeonato de curling. Entrada 20

Marcos, que era el más sereno de los dos, empezó a contar todo lo sucedido en aquel día, desde la llegada a la pista de hielo hasta el momento actual.

El detective se mostró interesado en la parte en la que encontraban el cadáver del árbitro, en la que encerraban a Marcos en el vestuario, y sobre todo, la parte en la que Patri se encontraba con el antiguo campeón del mundo de curling, Steve Gómez, después de que todo ocurriera. Los chicos estaban convencidos de que había sido él, pero el detective no estaba tan seguro, puesto que se había colado en el campeonato para seguir la pista a otra persona…uno de los miembros de la pareja contra los que habían jugado su primer partido.

viernes, 30 de marzo de 2012

Una tarde en Nueva York. Entrada 10

- ¿Estas sorda o qué? ¡Que te toca!- Gritaba el afeminado hombre.
En ese momento salió Gertrude por la puerta. – Pues sí, es sorda, y la mejor voz que ha pasado por aquí.
Gertrude se acercó a Rigoberta y la acompaño hasta la sala mientras escribía en el cuarderno: “Tranquila, dentro hay un grupo de gente que quiero que te escuchen cantar”
Al entrar en la sala vió a tres personas sentadas en una mesa enfrente de lo que parecía un pequeño escenario, al lado del cual una bella mujer esperaba sentada en frente de un piano.
“Tú canta ahora y luego te contaré quiénes somos y a qué nos dedicamos”
Rigoberta se acercó a la pianista y le escribió la canción que quería tocar.
A una señal la pianista comenzó a tocar, Rigoberta seguía con la mirada las pulsaciones sobre el piano y empezó a cantar en el debido momento.
Las caras del jurado mostraban el asombro que sentían.
Cuando Rigoberta terminó estallaron en aplausos tan fuertes que Rigoberta creía que podía sentirlos.

Una tarde en Nueva York. Entrada 9

Abrió la puerta un hombre de aspecto gay, treinta años, vestuario moderno, gafas con una montura de colorines…
-¿qué desea?
Rigoberta sacó el cuaderno y le enseñó lo que Gertrude había escrito. En cuanto vio la clave de sol el hombre esbozó una sonrisa y añadió:
-¡Ay, esta Gertrude cómo es!. Pasa niña, estamos en pleno casting, así que acomódate y espera tu turno, ten este papelito con tu número de participante.
Rigoberta pidió que le escribiera todo pero el hombre se había ido a otra habitación con paso ligero, por lo que Rigoberta no tenía ni idea de lo que estaba haciendo allí ni lo que tenía que hacer a continuación.
Observó la escena: estaba en lo que parecía ser el salón de la casa, pero algo transformado, puesto que sólo había muchas sillas vacías y sillones con bolsos y maletas. Entre las sillas había un chico y una chica esperando su turno, con aspecto compungido, y cada uno sentado en una punta distinta de la habitación sin mirarse si quiera. Rigoberta sintió la necesidad de “hablar” con ellos hasta que el hombre que le abrió la puerta salió y dijo un número, señalando a Rigoberta.

martes, 27 de marzo de 2012

El campeonato de curling. Entrada 19

En la puerta se encontraba un hombre joven, delgado y alto, con una larga gabardina gris. Alrededor del cuello llevaba una cadena de la que colgaba una placa similar a las de policia.
A Patri le era familiar esa cara, la había visto en algún sitio, pero no sabía recordar donde.

- ¡Ese es el nombre del árbitro muerto! – dijo Marcos – Lo vi en su cartera.
- No – interrumpió el detective – él era mi ayudante, mi buen amigo Daniel. Lamento mucho haberle metido en esto, pero ahora no hay tiempo para lamentaciones, lo que era una simple investigación se ha convertido en una cuestión personal.
Los ojos de Paco A. Pardo brillaban, mezcla de rabia y lagrimas contenidas.
– Tengo que resolver el caso.

En ese momento Patri reconoció a aquel hombre.

- ¡Usted es el anciano herido del pasillo!
Paco miro con sorpresa a Patri
Poca gente es capaz de descubrir mis disfraces, felicidades. Fui yo quien os saqué del incendio así que estáis en deuda conmigo, contadme todo lo que pasó.

Una tarde en Nueva York. Entrada 8

Volvió a la época del colegio, donde muchas chicas se metían con ella debido a su discapacidad y donde algunos profesores se tomaban muchas libertades a la hora de tratarla, algo que ella creía que era normal.

En esos días, también fue cuando se juntó con sus dos mejores amigas, Virtulinda y Heglantina, y que se convertirían también en sus confidentes, siendo ellas las principales impulsoras del viaje en el que se encontraba ahora mismo. Junto a ellas paso muy buenos ratos, muchos en los jardines de Gertrudis, su vecina de enfrente y la que cuidó de ella al morir sus padres en un atraco que salió mal, siendo mortalmente heridos en la huída. Era debido a ese parecido en el nombre, y a la amabilidad innata de la señora, por lo que decidió hacerle caso y acercarse a esa dirección.

Se sorprendió al llegar allí, dado que era un barrio residencial, por lo que no se le ocurría que tipo de trabajo podría desarrollar en un lugar así. Se bajó del taxi y se acercó a la puerta marcada con el nº 53, llamó y se quedó esperando respuesta…

jueves, 15 de marzo de 2012

Una tarde en Nueva York. Entrada 7

Cuando Rigoberta leyó el mensaje, la miró interrogante.
Sólo había una dirección: 53 Lincoln Street, precedido por una clave de sol.

Gertrude, que así se llamaba la señora, le sonrió; y acto seguido volvió a coger el cuaderno y le confesó que había estado escuchando la conversación y que conocía a la persona perfecta para ayudarla.
También le escribió, que por el acento, suponía que era extranjera, y que quizá le interesaría trabajar allí para mantenerse, mientras duraba la preparación.

Rigoberta, tras las experiencias vividas, ya no sabía que pensar... pero había algo en ella que le resultaba familiar y le llenaba de confianza.
“ ¿Por qué no? “, pensó “ya que había llegado hasta allí... y al fin y al cabo, sabía defenderse”

De repente, una bombillita se encendió en su cabeza trayéndole un grato recuerdo...

miércoles, 14 de marzo de 2012

El campeonato de curling. Entrada 18

-¡Patri, gracias a Dios ,estás bien! me han dicho que estuvimos a punto de morir en un incendio, que tuvimos mucha suerte porque alguien nos vio en el suelo y pudo sacarnos de allí.

-¿qué más te han contado?

-No sé, ya no me dijeron nada más, no saben demasiado sobre lo que ha pasado porque rápidamente desalojaron la pista y fuimos las últimas personas en salir.

-¿no se sabe quién era el hombre?

-No, la gente estaba muy alterada como para fijarse en esos detalles.

-Pues me gustaría agradecerle lo que ha hecho, además puede que esté relacionado con el hombre del brazo roto que nadie recuerda haber visto.

-Sí, a mí también me han hecho preguntas y me han preguntado por él, decían que tú lo habías mencionad, Patri.

De repente una voz grave les interrumpió.

-Perdonad, me gustaría hablar un momento con vosotros, soy Paco A. Pardo, detective privado.

lunes, 12 de marzo de 2012

El campeonato de curling: Entrada 17

- ¿Patricia, me escucha usted?
Patri abrió lentamente los ojos y vio a una joven enfermera inclinada sobre ella.
- No se preocupe, está usted en el hospital, ha respirado mucho humo pero su caso no presenta gravedad.
- ¿Mi... ? – la garganta le dolía con cada palabra – ¿mi hermano está bien?
- No se preocupe, su hermano está en el box de al lado y está bien, podrá verle en un momento. Ahora hay aquí un policía que quiere hacerle unas preguntas.

Patri miró a su derecha y vio un hombre trajeado de unos 40 años, con una placa de policía colgando del cuello.
- Buenas tardes señorita, ¿recuerda como ha llegado hasta aquí?
- Había humo - Patri respondió deprisa y nerviosa - y el árbitro estaba muerto y mi hermano iba a ayudar al anciano del brazo roto pero se desmayó y yo tuve que...
- Disculpe señorita, ¿Qué anciano del brazo roto?
- Creo que era otro de los jugadores, se había roto el brazo al caerse y mi hermano le iba a ayudar.
- Señorita, allí no había nadie más que usted, su hermano y el cadáver.

El campeonato de curling. Entrada 16

Patri salió corriendo por el pasillo esquivando varios CDs que había por el suelo cuando vio humo procedente de una puerta, un humo negro parecido al que veía Marcos cuando estaba encerrado en el vestuario y que poco a poco fue inundando el pasillo. Parecía que el fuego se había propagado a la habitación de al lado. Se dio la vuelta y observó como su hermano comenzaba a toser socarronamente. En una décima de segundo decidió volver sobre sus pasos para sacar a Marcos y al hombre de allí, pero desde la distancia vio cómo Marcos se había desmayado, ya que el humo era más denso en la parte final del pasillo.

Patri no se lo pensó dos veces, cogió aire, se puso el pañuelo que llevaba enrollado al cuello a modo de careta tapando la boca y la nariz y se adentró en la humareda.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El campeonato de curling: Entrada 15

Marcos gritó con todas sus fuerzas:
- ¡Patri, ayuda! ¡Estoy en el vestuario al final del pasillo!
Patri se acercó hasta la puerta:
- ¿Marcos, eres tú? ¿Qué hace esta escoba rota atrancando la puerta? ¿Y porque huele a quemado y hay charcos de agua?
- ¡Abre la puerta de una vez!
- Siempre te estas metiendo en líos y nunca sabes arreglártelas para salir ¡debería dejarte hay dentro para que aprendas!
- ¡Qué abras la puta puerta, joder!

En cuánto abrió la puerta, su hermano la abrazó como no lo hacía desde que eran niños. Patri se encontró una escena dantesca, marcas de humo, charcos de agua y sangre… y el cuerpo del arbitro con el mango de la escoba asomándole del pecho. Patri palideció.

- Es… está… ¿está muerto? – balbuceó la chica
- Sí y han intentado matarme a mi también. Tú corre a avisar a todos, yo me quedo aquí con este señor. – respondió Marcos mientras señalaba al señor del brazo roto que parecía que comenzaba a volver en sí.

El campeonato de curling. Entrada 14

Marcos llevaba diez minutos lanzando CDs cuando escuchó un ruido fuerte acompañado de una voz algo lejana: ¡ay!, me cago en…
Entonces Marcos chilló para intentar comunicarse con la persona:
-¿está bien? ¿qué ha pasado? ¡Estoy encerrado en el vestuario, ayúdeme!!!
El hombre , algo mayor, le explicó que se había resbalado al pisar algo del suelo y al caer se había torcido el brazo con tal mala suerte de rompérselo.
-No se preocupe, intente pedir ayuda, coja su móvil o usted que está más cerca de la pista pruebe a chillar… ¿oiga?
Pero no halló respuesta, seguramente el hombre se habría desmayado del dolor o de la impresión del golpe.
-Creo que lo de los CDs no ha sido una buena idea.
Entonces escuchó la voz chillona e irritante de Patri y Marcos gritó como nunca lo había hecho.
- ¿Señor, está bien? ¿me oye? - Dijo Patri desde la lejanía.

Una tarde en Nueva York: Entrada 6

Rigoberta esbozó una sonrisa mientras situaba su mano derecha sobre la mano de aquella aprovechada...y antes de que ésta pudiese decir nada, le retorció la muñeca y le empujó el brazo estampando su cara contra la mesa del bar.
Deja que sean ellos los que decidan - le susurró con dificultad al oído - y da gracias de que no te haga el truco del boli...
Con total tranquilidad Rigoberta se levantó del sofá y se encaminó a la puerta del local ante la atónita mirada de las que allí estaban. Nunca antes habían visto semejante llave realizada por una delicada señorita.
Al salir del bar una señora se le acercó apresuradamente y la sujetó del brazo. Le empezó a hablar a toda velocidad hasta que se percató de que Rigoberta no entendía nada. La amable señora le escribió algo en el cuaderno que se había dejado en el local y se lo devolvió.

lunes, 5 de marzo de 2012

El campeonato de curling: Entrada 13

Marcos volvió a la ventana. Desde allí podía ver una bolsa de plástico llena de CDs viejos al lado del contenedor de basura. Si conseguía hacerse con ellos podría lanzarlos por debajo de la puerta, que recorrieran el pasillo y llamasen la atención de alguien.

Quitó los cordones de su pantalón de deporte, de sus zapatillas y del pantalón y zapatillas del muerto y los juntó consiguiendo una cuerda lo suficientemente larga. Después sacó el descargador de una de las cisternas, rompió parte del plástico en forma de gancho y lo ató a un extremo de la cuerda.

Le costó ocho intentos enganchar la bolsa con su improvisado garfio. Una vez enganchado izó lentamente la bolsa hasta la ventana y cogió los CDs.

- ¡Paso uno completado!, ¡ahora a lanzar estos CDs viejos por debajo de la puerta!

Marcos avanzaba hacia la puerta decidido, tarareando la banda sonora de la serie de televisión MacGyver.

lunes, 27 de febrero de 2012

Una tarde en Nueva York: Entrada 5

Mary Key le propuso ir al bar "The Stonewall Inn" en el numero 53 de Christopher Street para hablar sobre un negocio que quería ofrecerle. Cuando llegaron todavía era pronto por lo que el bar estaba casi vacio aunque Mary Key le escribió que en una hora el bar estaría lleno y habría más ambiente, por lo que mejor si se sentaban en algún rincón apartado.

Pidió dos Daiquiris de fresa y se sentaron en una mesa con sofá, una al lado de la otra para poder escribir y leer mejor en la libreta. Mary Key le explicó que ella estaba buscando una pareja para sus actuaciones y que aunque no fuera opera, al menos daba dinero.

- Ningún director de ópera te va a contratar por sus prejuicios, yo sin embargo confío en ti – cuando terminó de escribir esto último, la mano de Mary Key comenzó a acariciar suavemente la pierna de Rigoberta.

Una tarde en Nueva York. Entrada 4

Cuando una de las personas que había estado en la audición con ella, salió de la casa del menospreciador y estúpido John Voice y corrió hacia donde se encontraba Rigoberta.

Mary Key era una chica alta y rubia de unos 20 años de edad, de afable aspecto y cara aniñada.

Como no sabía el lenguaje de los signos, intentó comunicarse como pudo, pero Rigoberta, con un gesto tranquilo, sacó una libreta de su bolsillo y empezó a escribir.

-Tranquila, sé leer, me quedé sorda cuando era pequeña por una enfermedad y desde entonces me he comunicado por escrito.

Acto seguido una lágrima proveniente de su mejilla emborronó el cuaderno.

M. Key le pidió amablemente el bolígrafo y anotó:

-Creo que tienes un talento innato que, unido a tu peculiaridad, pueden hacerte una gran estrella, y además yo sé cómo ayudarte.