Tras media hora de conducción agresiva Gerbo llegó a la oficina
de Pierre, situada en el último cuartel
general de Napoleón.
Pierre había sido un afamado proctólogo durante la guerra de
Corea. Ahora, con más de noventa años el terrible interrogador se dedicaba a
contar batallitas y hacer visitas guiadas en el museo de Genappe…pero si
alguien podía sacar información a los captores, ese era “el doctor” con sus
abultados dedos.
Gerbo aparcó en la puerta trasera del edificio, desenfundó
el Colt y abrió bruscamente el portón de la furgoneta.
- Bajad nenazas, vamos a
comprobar de que pasta estáis hechos.
Mientras bajaban de la furgoneta con las manos en alto, una
puerta se abrió y apareció Pierre, con una bata blanca y unas gafas redondas
muy pequeñas, como la mirilla de un fusil de precisión. El semblante de los
cautivos tornó en desesperación.
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