Mau hizo rugir aquella moto de camino al aeropuerto mientras
Antolín se aferraba a él con tanta fuerza que podría haberlo partido en dos. No
le gustaban las motos. De hecho las odiaba con todo su ser, él las calificaba
como “estruendosas maquinas donde la única protección es un casco para proteger
una cabeza que funciona tan mal que piensa que es guay ir a mil por hora
esquivando coches”.
Tras media hora de vertiginosa conducción aparcaron en un
motel cerca del aeropuerto. Tenían que investigar donde se encontraba Jeremías
y tener una huida fácil del país por si se torcían las cosas.
-Toni, pilla una habitación, con vistas a la
carretera por si acaso. Toni…Toni!!
- Como jugar a la ruleta rusa con cinco balas en
la recamara – murmuró Antolín pálido por el viaje
– Ahora la reservo, pero no
me queda mucho dinero y menos para volar a Vietnam.
- Por el dinero no te preocupes, consígueme una
toma de red y veras la magia que hago con mi portátil – contestó confiado Mau
mientras iba a esconder la moto
No hay comentarios:
Publicar un comentario