Ahí estaba el maldito prisionero, apuntándole con una pistola. Esto le pasaba por querer echarle una mano al idiota de su primo, no valía ni para vigilar a un viejo esposado. Seguro que el muy imbécil se había olvidado de cerrarle las esposas. Si no fuera de la familia se lo cargaría con un cuchillo oxidado. Solo con pensar en ello, mejoró su humor, a pesar de la situación.
- Las manos en la cabeza, amigo. Y no pienses ni por un minuto que no lo haré. No serías el primer puto ruso que me cargo en mi vida.
- Trrrrranquilo. No me disparrrar porrr favorrr.
- Las llaves. Tíramelas. Y métete en la furgoneta.
Gerbo descendió del compartimento trasero, empujó al ruso con el cañón de la pistola y le obligó a subir. Después cerró la furgoneta.
Se sentó en el borde de la carretera a pensar. ¿Debía ir a la policía y entregar a los rusos? Después de meditarlo un momento decidió que no podía pasarles el caso sin más a los policías, antes tenía que saber de que iba todo este lío. Si, sin duda iría a hacerle una visita a Pierre "el doctor" y le llevaría a los rusos. El sabría como sacarles la información que necesitaba, y Pierre le debía un favor.
Se subió a la furgoneta respiró hondo varias veces y arrancó. Visitar a Pierre siempre le ponía nervioso.
Enorme Pilar! Me encanta la entrada. Cada vez se pone más interesante... Chan chan chaaaaaan!!
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