Mientras tanto, Pierre observaba, a través de las ventanas de la furgoneta,
el rítmico desfilar de las farolas. Incapaz de apreciar la belleza de la puesta de sol, calculó la velocidad: 148km/h.
Hashanar estaba visiblemente nervioso. A pesar de tener al rehén sujeto con cadenas de pies y manos, un brillo maligno brillaba en sus ojos. Conocía a aquel hombre. Conocía al hombre que había torturado y logrado hacer hablar a los más
duros en el conflicto bosnio... Y siempre sobrevivían... Si es que a eso se le podía llamar vivir.
Tras sus gafas de pasta y aquel cuerpo arrugado se escondía un auténtico
psicópata del dolor. Sus órdenes eran las de llevar a los rusos vivos... Pero
lo que había visto suplicaba clemencia.
Pierre miró a sus captores, que se estremecieron. Qué débiles... Aquellos privilegiados no habían sabido
apreciar la maestría de su arte... Sí... para alguien valía más vivo que muerto...
Podría seguir ejerciendo.
Siguió analizando, paciente... El momento de escapar llegaría... Gerbo siempre le cayó bien.
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