¿Dónde escondería yo unas buenas galletas? – pensaba Antolín
mientras sus ojos ávidos de azúcar escudriñaban cada esquina de la habitación –
De pronto reparó en
un jarrón diferente al resto de objetos. Éste no tenía polvo. Debía de haber sido movido recientemente.
Ahí fijo que hay galletas – dijo el pequeño intruso
levantando el jarrón con ambas manos –
Algo cayó al suelo y rodó velozmente hasta la puerta. Antolín
olvidó por un momento su dulce objetivo y recordó que tenía que seguir los
pasos de la lista, y el paso de ahora era buscar pistas…pistas como la que había
salido disparada del jarrón.
El metódico muchacho se acercó a la puerta y cogió lo que parecía
ser
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