Marcos gritó con todas sus fuerzas:
- ¡Patri, ayuda! ¡Estoy en el vestuario al final del pasillo!
Patri se acercó hasta la puerta:
- ¿Marcos, eres tú? ¿Qué hace esta escoba rota atrancando la puerta? ¿Y porque huele a quemado y hay charcos de agua?
- ¡Abre la puerta de una vez!
- Siempre te estas metiendo en líos y nunca sabes arreglártelas para salir ¡debería dejarte hay dentro para que aprendas!
- ¡Qué abras la puta puerta, joder!
En cuánto abrió la puerta, su hermano la abrazó como no lo hacía desde que eran niños. Patri se encontró una escena dantesca, marcas de humo, charcos de agua y sangre… y el cuerpo del arbitro con el mango de la escoba asomándole del pecho. Patri palideció.
- Es… está… ¿está muerto? – balbuceó la chica
- Sí y han intentado matarme a mi también. Tú corre a avisar a todos, yo me quedo aquí con este señor. – respondió Marcos mientras señalaba al señor del brazo roto que parecía que comenzaba a volver en sí.
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