- ¿Estas sorda o qué? ¡Que te toca!- Gritaba el afeminado hombre.
En ese momento salió Gertrude por la puerta. – Pues sí, es sorda, y la mejor voz que ha pasado por aquí.
Gertrude se acercó a Rigoberta y la acompaño hasta la sala mientras escribía en el cuarderno: “Tranquila, dentro hay un grupo de gente que quiero que te escuchen cantar”
Al entrar en la sala vió a tres personas sentadas en una mesa enfrente de lo que parecía un pequeño escenario, al lado del cual una bella mujer esperaba sentada en frente de un piano.
“Tú canta ahora y luego te contaré quiénes somos y a qué nos dedicamos”
Rigoberta se acercó a la pianista y le escribió la canción que quería tocar.
A una señal la pianista comenzó a tocar, Rigoberta seguía con la mirada las pulsaciones sobre el piano y empezó a cantar en el debido momento.
Las caras del jurado mostraban el asombro que sentían.
Cuando Rigoberta terminó estallaron en aplausos tan fuertes que Rigoberta creía que podía sentirlos.
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