jueves, 24 de abril de 2014

El tercer sueño: Entrada 8

Llamas. Humo. Personas moviendo la boca a toda prisa, lágrimas y miedo. Y Antolín no escuchaba nada. Él solo podía ver: sus oídos únicamente registraban un incesante e incómodo pitido muy, muy agudo. No le era desconocido porque lo había escuchado antes, pero ahora no importaba cuándo. Solo podía pensar en una cosa: “¿Estoy soñando? Tal vez debería pellizcarme, o subir a lo alto de un edificio y tirarme para poner fin a esta pesadilla, porque si mueres en un sueño, te despiertas. También hay gente que comparte sueños”, pero esa parte en esos momentos no era útil. Él solo quería despertar, abrir los ojos y ver que nada era real.

Pero no, era tan real como las llamas que estaba viendo, como el humo que salía del coche, como las personas que se movían, gritaban y lloraban sin parar. Y él solo quería un nombre: el del responsable.

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