lunes, 27 de febrero de 2012

Una tarde en Nueva York. Entrada 4

Cuando una de las personas que había estado en la audición con ella, salió de la casa del menospreciador y estúpido John Voice y corrió hacia donde se encontraba Rigoberta.

Mary Key era una chica alta y rubia de unos 20 años de edad, de afable aspecto y cara aniñada.

Como no sabía el lenguaje de los signos, intentó comunicarse como pudo, pero Rigoberta, con un gesto tranquilo, sacó una libreta de su bolsillo y empezó a escribir.

-Tranquila, sé leer, me quedé sorda cuando era pequeña por una enfermedad y desde entonces me he comunicado por escrito.

Acto seguido una lágrima proveniente de su mejilla emborronó el cuaderno.

M. Key le pidió amablemente el bolígrafo y anotó:

-Creo que tienes un talento innato que, unido a tu peculiaridad, pueden hacerte una gran estrella, y además yo sé cómo ayudarte.

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