miércoles, 8 de febrero de 2012

Una tarde en Nueva York: Entrada 1

Era una mañana nublada. El cielo estaba cubierto y amenazaba tormenta. Los neoyorkinos caminaban de aquí para allá con la misma prisa que siempre, absortos en sus pensamientos, en sus quehaceres diarios. La gente se encargaba de sus asuntos y solo entablaba conversación si era estrictamente necesario. Los vehículos iban y venían mezclándose con la población como engranajes de un reloj. El ruido y la agitación controlaban la ciudad.
En la 57th con la séptima se encontraba una mujer hermosa, de aspecto afable, parada, mirando al cielo. Todo a su alrededor parecía ignorarla. Todo iba acelerado. Pero allí estaba ella, con la mirada fija sintiendo el ritmo de la gran manzana.
De pronto comenzó a esbozar una sonrisa. Había tardado dos años en ahorrar el dinero para pagarse el viaje de sus sueños y ahora por fin lo estaba realizando. Rigoberta era sorda.

3 comentarios:

  1. Jajajaja... apostemos a quien es el primero que hace que Rigoberta hable!

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Rigoberta puede hablar aunque sea sorda, a no ser que sea de nacimiento.

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