El templo era de dos plantas. Marcos señaló hacia arriba, a un saliente en la roca. Hatima asintió y ascendieron al lugar. Al parecer los dos hombres estaban discutiendo sobre encontrar una entrada secreta.
De repente entraron dos hombres. Uno de unos 45 años, pelo canoso, rapado al estilo militar y el otro grande y musculoso, con una amenazadora ametralladora ak-47 en ristre
-Menudo maromo- Pensó Marcos
El primero, con un fuerte acento ruso, zanjó la discusión de los otros dos. A una orden suya, un grupo de unos 20 árabes, vestidos con túnicas negras y a caballo entró en el amplio templo.
De repente Hatima saco de entre los pliegues de sus ropajes marrones, una daga larga. Marcos se asustó al percibir un brillo siniestro en aquellos negros ojos del desierto
-Maracks de las dunas- susurró - Les odio.
Y como si aquello fuese suficiente explicación, se deslizó como una pantera hacia el que se había quedado más rezagado, dejando solo a un sorprendido Marcos
No hay comentarios:
Publicar un comentario