sábado, 5 de noviembre de 2011

El cojín del señor Patricio: Entrada 9

Marcos dejó escapar un gruñido de miedo. "Mierda mierda mierda, ¿pero qué pasaaaa?". Se abrazó al cojín con todas sus fuerzas mientras escuchaba de fondo el trajinar de los dos visitantes. Revolviéndolo todo en busca del... oh, no, lo tenía él. Lo estaba abrazando. ¡Si lo encontraban sería su fin! Intentó palparlo con más cuidado... "Pero qué tiene esto de especial, si es horrendo y huele a rancio". Iluminando con ayuda de su teléfono móvil siguió examinándolo hebra a hebra, dibujo a dibujo... y nada. ¡Sólo era un cojín! Lo lanzó al suelo con desesperación y de pronto... se hizo la luz. Una luz ensordecedora, el vacío, el todo... todo daba vueltas y estaba quieto a la vez. Caía y subía. Se mareaba y flotaba. "Ya está, esto es la muerte"- pensaba Marcos - "al menos no me ha dolido". Intentaba palparse el cuerpo para encontrar el orificio de entrada de la bala... pero no lo hallaba, no estaba... Y de pronto el silencio y el sol. Tenía la garganta seca, le dolía, le escocía... Hacía calor. El aire era denso... polvo... arena. No podía moverse, se sentía dolorido, pero intuía un repiqueteo constante en la lejanía. ¿Qué era eso? ¿dónde estaba? Sacó fuerzas de donde no las tenía y giró la cabeza... "No puede ser" - se incorporó. -"Estoy flipando" - avanzó por la duna. Una presencia detrás de él... se dio la vuelta rápidamente justo antes de perder la conciencia. "Egipto"- y se desvaneció.

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