La tenue luz que entraba por el ventanal iluminaba la habitación cargada de humo de pipa. Ahí estaba Pat, como solían llamarlo cariñosamente los vecinos, sentado en su sofá favorito, la cabeza gacha.
Sobre desgastada chaqueta de cuero marrón, un sombrero de ala ancha cubría el canoso pelo. Los anteojos ocultaban los inteligentes pero duros ojos grises de Patricio. Una barba corta y cuidadosamente afeitada rodeaba el concentrado rostro. Un hombre fornido para su edad, aún con actitud seria. Entre sus manos sostenía un mapa del Perú, ahora caído
Aquel piso era igual que el suyo, sin embargo este parecía más un estudio de arqueología que un hogar. Innumerables libros y mapas con aspecto antiguo se amontonaban sobre la mesa. Una gran biblioteca cubría todo un ala de la pared, único espacio ordenado en el caos general. Mapas y más libros se acumulaban en la otra, sobre muebles bajos, junto con una minicadena antigua. Sobre la mesa, la sustancia maldita.
Se acercó y le tomó el pulso. Estaba muerto.
La policía dijo que había sido un tema de drogas, sin embargo recordaba que en la habitación no se habían llevado nada de valor, y eso que la mercancía estaba a la vista. Sin darse cuenta estaba otra vez frente al piso de su vecino. La puerta blindada, de 20cm de grosor aún estaba abierta ¿Quien abre una puerta blindada para no llevarse nada? Se preguntó. Aquello no tenía sentido... Entró
Las entradas anteriores rememoraban como Marcos encontró el cadaver... y tú has seguido la historia como si fuera unos días después de haber encontrado el cadaver...
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